jueves, 27 de marzo de 2008

EL ANGEL DE LA CASA




Era el camino obligado de todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras además de frías. El sol caía temprano y las altas magnolias, camelias y palmeras de la casa, oscurecían el lugar y lo alargaban sobre las veredas.
Quizás por ello amaba el verano, porque a pesar de la hora podía admirar el frente, aún hermoso del primer piso de la casa vieja.
Más arriba un solitario mirador de techo de pizarra. El ángel parecía colgado de él.
Según los datos que se conocían en el barrio la construcción de la casa de Delcasse era del año 1883. El frente sobre la calle Cuba tenía el número 1919. Los fondos, siguiendo por Sucre, llegaban hasta Arcos donde un cedro gigantesco extendía sus ramas sobre un antiguo portón de hierro tan simple y oxidado que pasaba inadvertido.
Se decía -relatos de viejos- que en esos fondos, en ese jardín de atrás donde el propietario había levantado un pabellón que funcionaba como sala de armas, habían sucedido los últimos duelos en Buenos Aires.
El portón herrumbrado y seguramente imposible de abrir permitiría en aquellos años la entrada de los contendientes, sus padrinos y alguno que otro testigo. Seguramente la salida era más furtiva y manchada de sangre...
Nada indicaba ahora que la casa estuviese habitada. La puerta alta de madera permanecía siempre cerrada así como las pocas celosías que se podían ver, todas del primer piso. El muro y el portón no dejaban ver el jardín y las ventanas de abajo.
Ese macizo portón de madera cruda, oscura y ya bastante viejo poseía una pequeña puerta como para permitir la entrada y salida de las personas. En su mejor época se debía haber necesitado su total apertura para dejar paso a los carruajes.
Laura aminoraba el ritmo de su paso cuando cruzaba y empezaba a recorrer las veredas rotas de la casa. De la amplia manzana la finca ocupaba la mitad. Abarcaba Sucre de esquina a esquina.
Caminaba despacio mientras miraba al ángel del frente, admiraba su expresión serena y observaba sus manos sosteniendo o tocando la lira. La figura femenina y alada, a pesar de su quietud, parecía dispuesta a volar en cualquier momento; pasaba la vista por cada una de las celosías cerradas y aspiraba profundamente el perfume a jazmín y madreselva de las enredaderas del muro que trepando y avanzando llegaban hasta la esquina de Arcos. En esa esquina se detenía, se apoyaba suavemente en el muro gris verdoso de la ochava y esperaba unos minutos.
La gata blanca llegaba del lado norte, como si viniese desde la Avda. Juramento. No actuaba como un gato común y receloso. Avanzaba por el medio de la vereda, con paso lento y majestuoso y la esponjosa cola levantada.
Frente al mohoso portón de atrás, aquel de las salidas furtivas, se detenía y tomaba asiento.
La gata esperaba, Laura esperaba.
Al principio no sintió nunca ruido alguno, con el pasar de los meses su oído se acostumbró y llegó a escuchar la apertura de una puerta. Después un crujido.
Ese sonido era la señal para la gata y para Laura, el animal se levantaba y atravesando los barrotes se hundía en la espesura del jardín del fondo. Laura se adelantaba hasta unos pocos centímetros de la reja y asomaba la cabeza. Seguía con la vista la inconfundible mancha blanca hasta que desaparecía detrás de los arbustos. Veía la cola blanca llegar hasta la casa y sentía el cierre quejumbroso de alguna puerta. Volvía a darse unos minutos de espera, luego levantaba la vista para ver en medio de la oscuridad de la casa una luz parpadeante detrás de las ventanas del cuarto de la esquina. Siempre era el mismo, el único que se iluminaba.
Siempre la misma ventana de la casa con más de veinte habitaciones. Todas las demás permanecían oscuras y silenciosas.
Esperaba unos minutos más hasta que escuchaba la música y entonces seguía su camino. Rutina de muchos años. Muchos domingos. Llovizna, calor o frío, vacaciones o feriados, la gata llegaba siempre a su hora y entraba a la señal. Después la luz y la música.
Más veranos.
Laura paseó muchas veces el cochecito de sus hijos y volvió a la esquina a esperar la llegada de la gata blanca. A aguardar la luz y la música.
Algunas veces el suceso quiso tomar en su cabeza forma de realidad y ser algo explicable: quizás una dinastía de gatas blancas se sucedían en el ingreso a la casa del ángel. Un suceso común y lógico. Nunca un extraño ritual.
Por 1980, o tal vez un par de años antes, la fecha escapa ahora de su memoria, salió en unas revistas y se comentó en el barrio que la casa del ángel se vendía e iba a ser demolida.
Alguna sociedad vecinal trató de defender la casona, se buscó algún suceso histórico que la salvase, incluso se hablo de comprarla. Nunca se encontró el suceso, nunca se juntó el dinero y solo se logró detener la obra algunos meses. En el alto muro unos carteles inmensos mostraban como quedaría la construcción terminada: una elegante, corta y funcional galería, varios subsuelos de cocheras hacia abajo, tres torres de departamentos como de veinte amplios pisos cada una y en la entrada de la esquina de Cuba y Sucre, el ángel, salvado de la demolición y del remate, pasaría a integrar el decorado del nuevo y moderno edificio. La casa del ángel se convertía en La galería del ángel y el barrio se tranquilizó.
Pasaron los años de la construcción. Terminada la obra se pudo volver a admirar al ángel remozado, con su lira entre las manos. Una fuente fue colocada en la salida de la galería, casi en el sitio donde en otros tiempos estaba el portón de rejas oxidadas y la sombra del olmo.
Ya Laura no pasaba por allí. Ya no volvía por Sucre hacia su casa y la galería, metida dentro del barrio, pequeña, hermosa, pero demasiado exclusiva, no era un lugar al que se pensara ir diariamente.
Si alguna vez pasaba por allí, incluso si iba para ese lado se empeñaba en encontrar la calle, las esquinas, se esforzaba por volver a recorrerlas, caminar por las veredas de Sucre evocando con nostalgia la vieja casona. Se detenía para mirar al ángel que, como antaño, parecía a punto de salir volando.
Alguna vez se sentó a tomar un café en las pequeñas y blancas mesitas que las confiterías desparramaban por las veredas ahora amplias e iluminadas. Tomaba, entre recuerdos, un café, caliente, caro y bien servido.
La casa de perfumes estaba en una de las salidas, daba a la fuente de agua de la esquina de atrás.
Ese día, aburrida, se quedó mirando los frascos, coloridos, pequeños y sin precio.
Más allá un local de las tantas cadenas de supermercados que hay en Belgrano le recordó que necesitaba algunas cosas para su casa. ¿Pero cuáles?. Los años no habían pasado en vano, los años y los sucesos le habían quitado la memoria. Sabía que no era la memoria en sí, sino que le sucedían olvidos. Sí, se distraía y, quizá, prefería olvidar algunas cosas.
-Leche, leche y ¿qué más?.
Miraba sin ver hacia la vereda de la calle Arcos cuando la vio aparecer, blanca como siempre, por el medio de la vereda, a paso lento, majestuoso y sin miedo. Siempre con la cola esponjosa y levantada.
Sintió un escalofrío que comenzó en la nuca y le recorrió toda la espalda. Se quedó clavada en el lugar con los ojos fijos en el animal blanco que se acercaba decidido hacia donde ella estaba. Se detuvo casi a sus pies y tomó asiento. La miró fijamente.
Como en otros ayeres, las dos esperaron.
El sonido de la puerta al abrirse fue claro. La gata se incorporó y Laura giró levemente la cabeza y miró hacia donde ahora miraba la gata.
Esfumado en medio de la perfumería se abría el jardín del fondo tan lleno de malezas como lo recordaba y bien atrás, casi en el corazón de la primera torre, una puerta.
Una joven, casi una niña, se tomaba del picaporte, llevaba un vestido azul pasado de moda.
Laura recién parpadeó cuando la gata la rozó con su cola al pasar a su lado para internarse entre las difusas malezas. En su mente la idea le daba vueltas:
-Estás soñando. –se dijo.
-Seguro, todo es un sueño.
También pensó que estaba peor que nunca, jamás le había pasado soñar despierta por lo que, un tanto malhumorada, apartó la vista de la imagen imprecisa y se dirigió hacia el banco de piedra que rodeaba la fuente. Se sentó.
Fue muy leve el roce de la mano. Cuando levantó los ojos la joven con la gata en brazos estaba a su lado. Le sonreía suavemente. Depositó en su regazo el balnco animal.
Laura pasó los dedos sobre el pelaje suave y largo mientras miraba a la niña. Era muy joven. Levemente se sentó a su lado, parecía estar y no estar sentada, volvió a sonreírle.
-Ahora que viniste te la puedo dejar...–. Hizo una pausa.
-¿Dejar? –la pregunta de Laura salió con voz quebrada.
-Sí, debo irme. –dijo mientras doblaba la cabeza y miraba.
Observó la galería, levantó la vista para mirar los pisos altos, detuvo su atención en las veredas pobladas de mesitas. Otra vez se dirigió a Laura:
--Quédate con Carlota, por favor. Tengo que irme. Y debo hacerlo sola.
-Claro. –realmente no sabía porqué respondía.
- Te dejo a mi amiguita. No puede venir conmigo.
Antes que Laura pudiese preguntar sintió el beso suave en la mejilla. Cuando reaccionó estaba sola, la gata acurrucada sobre sus piernas.
Miró atentamente cada lugar, cada rincón. Recogió la gata y caminó por los alrededores. Lo hizo demasiado tiempo, pero inútilmente.
La gata se dormía, con ella en los brazos se volvió a su casa. Carlota se instaló como si siempre hubiese formado parte de la familia. Si le preguntaban el origen solo atinaba a decir: -Es de la casa del ángel.
Los días pasaron, Laura siguió escribiendo. Carlota durmiendo esperaba que terminase la tarea de ese día para realizar el ritual de mimos y ronroneos.
Una noche como tantas pasó una amiga por su casa.
-¡Qué tal!, ¿Cómo están tus cosas?, ¡Qué horrible tiempo!, ¡Seguro que mañana llueve!, ¡Qué caro está todo!, y también, como era habitual:
-¡Qué linda gata!. ¿De dónde salió?
-De la casa del ángel. –repitió como otras veces.
-¿En serio?. Ahora es sin ángel... ¿Sabías?.
-No,... no sé, ¿Qué pasó? –Laura prestó atención.
-Parece que el ángel se “voló”, -contó Leticia.
-¿Se voló?
-Bueno, es un decir..., parece que lo robaron. Una mañana ya no estaba. Ahora están terminando una réplica para rellenar el sitio en la entrada de la galería.-
Después todo continuó con: -¡Qué caro está todo! (otra vez), ¡Viste la película tal!,¡Seguro que mañana llueve!(otra vez)-¡Pero viste cómo aumentaron los precios! -¿Y de dónde me dijiste que era la gata?
Laura oía sin escuchar. Conocía a Leticia y que después de algunos cuántos “qué caro está todo”, su amiga se iría a su casa y la noche sería toda suya para escribir. Sabía ahora que Carlota no era ya la gata de la casa del ángel. Sabía que ya era suya, como la noche. Y sabía que el nuevo cuento iba a empezar algo así como:
“Era el camino obligado todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras además de frías...”

miércoles, 26 de marzo de 2008

ELENA PONIATOWSKA





1933Periodista y narradora, nacida en París, Francia, el 19 de mayo de 1933. Radica en México desde 1942. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores, de 1957 a 1958; ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos, como creador emérito, en 1994. Nació en París, hija de una mexicana, Paula Amor, y un noble polaco, Jean Poniatowska.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial hizo que su madre tomara una decisión que cambió sus vidas. Madre e hija partieron para México mientas su padre luchaba con el Ejército francés y participaba en el desembarco de Normandía. La guerra los separó durante cinco años. Fue francesa hasta que casó y se nacionalizó mexicana.

Su carrera se inició en el ejercicio del periodismo y ha publicado una obra muy amplia que incluye varios géneros.
Entre sus textos destacan: las novelas Hasta no verte Jesús mío (1969), Querido Diego, te abraza Quiela, (1978), La flor de Lis (1988), Tinísima (1992) y La piel del cielo (2001); los ensayos: Todo empezó el domingo (1963), La noche de Tlaltelolco (1971), Gaby Brimmer (testimonio,1979), Fuerte es el silencio (1980), El último guajolote (1982), ¡Ay vida, no me mereces!, (1985), Nada, nadie. Las voces del temblor (1988), Juchitán de las mujeres (testimonio, 1989); las colecciones de cuentos: Lilus Kikus (1954), De noche vienes (1979), Métase mi prieta entre el durmiente y el silbatazo (1982) y los libros de entrevistas: Palabras cruzadas, Era, (1961), Domingo 7 (1982), Todo México (1990 ) y Todo México, vol. II (1994).
Ha recibido múltiples premios entre los que pueden citarse: Premio Mazatlán, 1970, por Hasta no verte Jesús mío, Premio Xavier Villaurrutia, 1970 (rechazado), por La noche de Tlatelolco. Premio Nacional de Periodismo (fue la primer mujer que recibió esta distinción) por sus entrevistas, (1978), Premio Manuel Buendía (otorgado por varias universidades de México), por méritos relevantes como escritora y periodista (1987), Premio Mazatlán de Literatura, (1992), por Tinísima y, el más reciente, Premio Alfaguara de Novela 2001, por La piel del cielo.

martes, 18 de marzo de 2008


Bertolt Brecht

Escritor alemán, nacido en Augsburg el 10 de febrero de 1898 y muerto en Berlín oriental en 1956. Su verdadero nombre era Eugen Berthold Friedrich Brecht.
Además de ser uno de los dramaturgos más destacados e innovadores del siglo XX, cuyas obras buscan siempre la reflexión del espectador, trató también de fomentar el activismo político con las letras de sus lieder, a los que Kurt Weill puso la música.
Comenzó en Múnich sus estudios de Literatura y Filosofía en 1917, a los que añadiría posteriormente los de Medicina. Durante la I Primera Guerra Mundial comenzó a escribir y publicar sus obras. Desde 1920 frecuentó el mundo artístico de Múnich y trabajó como dramaturgo y director de escena. En este entorno conoció a F. Wedekind, K. Valentin y L. Feuchtwanger, con quienes mantuvo siempre un estrecho contacto. En 1924 se trasladó a Berlín, donde trabajó como dramaturgo a las órdenes de Max Reinhardt en el Deutsches Theater; posteriormente colaboró también en obras de carácter colectivo junto con Elisabeth Hauptmann, Erwin Piscator, Kurt Weill, Hans Eisler y Slatan Dudow, y trabó relaciones con el pintor Georg Grosz.
En 1926 comenzó su dedicación intensiva al marxismo y estableció un estrecho contacto con Karl Korsch y Walter Benjamin. Su Dreigroschenoper (Opera de cuatro cuartos, 1928) obtuvo en 1928 el mayor éxito conocido en la República de Weimar. En ese año 1928 se casó con la actriz Helene Weigel.
Será en 1930 cuando comience a tener más que contactos con el Partido Comunista Alemán. El 28 de febrero de 1933, un día después de la quema del Parlamento alemán, Brecht comenzó su camino hacia el exilio en Svendborg (Dinamarca). Tras una breve temporada en Austria, Suiza y Francia, marchó a Dinamarca, donde se estableció con su mujer y dos colaboradoras, Margarethe Steffin y Ruth Berlau. En 1935 viajó a Moscú, Nueva York y París, donde intervino en el Congreso de Escritores Antifascistas, suscitando una fuerte polémica.
En 1939, temiendo la ocupación alemana, se marchó a Suecia; en 1940, a Finlandia, país del que tuvo que escapar ante la llegada de los nazis; y en 1941, a través de la Unión Soviética (vía Vladivostok), a Santa Monica, en los Estados Unidos, donde permaneció aislado seis años, viviendo de guiones para Hollywood. En 1947 se llevó a la pantalla GalileoGalilei, con muy poco éxito. A raíz del estreno de esta película, el Comité de Actividades Antinorteamericanas le consideró elemento sospechoso y tuvo que marchar a Berlín Este (1948), donde organizó primero el Deutsches Theater y, posteriormente, el Theater am Schiffbauerdamm. Antes había pasado por Suiza, donde colaboró con M. Frisch y G. Weisenborn.
En Berlín, junto con su esposa Helene Weigel, fundó en 1949 el conocido Berliner Ensemble, y se dedicó exclusivamente al teatro. Aunque siempre observó con escepticismo y duras críticas el proceso de restauración política de la República Federal, tuvo también serios conflictos con la cúpula política de la República Democrática.

viernes, 14 de marzo de 2008


Carta a un padre

(extracto Franz Kafka)


Querido padre :


Una vez, hace poco, me preguntaste por qué decía que te temía. Como de costumbre, no supe que contestarte, en parte precisamente por el miedo que me das y en parte porque son demasiados los detalles que fundamentan ese miedo, muchos más de los que podría ordenar a medias, mientras hablo. Y aún ahora el intento de contestarte por escrito resultará muy incompleto, ya que también al escribir me inhiben el miedo y sus consecuencias y porque el tema, por su magnitud, excede en mucho tanto mi memoria como mi entendimiento.
Para ti, el caso fue siempre muy simple, por lo menos así nos pareció a mí y a tantos otros a los que hablaste al respecto, sin que hicieras ninguna distinción. Las cosas te parecían más o menos así: a lo largo de tu vida has trabajado duramente, sacrificándolo todo por tus hijos y sobre todo por mí. En consecuencia, yo he vivido pródigamente, he tenido la libertad de estudiar lo que quisiera, no he tenido que preocuparme por mi sustento ni por otros problemas serios, a cambio de eso no me pedías que te agradeciera nada, ya que conoces la gratitud filial, pero esperabas algún acercamiento, alguna señal de simpatía. En vez de eso siempre te he rehuido, encerrándome en mi cuarto, con libros, con amigos alocados e ideas exageradas. Jamás conversé contigo con confianza, no me acerqué a ti en la iglesia, ni te fui a ver a Franzensbad, además tampoco supe lo que significa preocuparse por la familia, jamás me interesé por tu negocio ni por tus demás asuntos, te endosé la fábrica y luego la abandoné, apoyé a Ottla en su necesidad y, mientras por ti no soy capaz de mover un solo dedo (ni siquiera darte una entrada para el teatro), lo haría todo por mis amigos….....

miércoles, 20 de febrero de 2008

El coronel no tiene quien le escriba
Gabriel garcía marquez

(Fragmento)

El coronel... volvió a abrirse paso, sin mirar a nadie, aturdido por los aplausos y los gritos, y salió a la calle con el gallo bajo el brazo.

Todo el pueblo -la gente de abajo- salió a verlo pasar seguido por los niños de la escuela. Un negro gigantesco trepado en una mesa y con una culebra enrollada en el cuello vendía medicinas sin licencia en una esquina de la plaza. De regreso del puerto un grupo numeroso se había detenido a escuchar su pregón. Pero cuando pasó el coronel con el gallo la atención se desplazó hacia él. Nunca había sido tan largo el camino de su casa.

No se arrepintió. Desde hacía mucho tiempo el pueblo yacía en una especie de sopor, estragado por diez años de historia. Esa tarde -otro viernes sin carta- la gente había despertado. El coronel se acordó de otra época. Se vio a sí mismo con su mujer y su hijo asistiendo bajo el paraguas a un espectáculo que no fue interrumpido a pesar de la lluvia. Se acordó de los dirigentes de su partido, escrupulosamente peinados, abanicándose en el patio de su casa al compás de la música. Revivió casi la dolorosa resonancia del bombo en sus intestinos.

Cruzó por la calle paralela al río, y también allí encontró la tumultuosa muchedumbre de los remotos domingos electorales. Observaban el descargue del circo. Desde el interior de una tienda una mujer gritó algo relacionado con el gallo. Él siguió absorto hasta su casa, todavía oyendo voces dispersas, como si lo persiguieran los desperdicios de la ovación de la gallera.

En la puerta se dirigió a los niños.

-Todos para su casa -dijo-. Al que entre lo saco a correazos.

Puso la tranca y se dirigió directamente a la cocina. Su mujer salió asfixiándose del dormitorio.

-Se lo llevaron a la fuerza -gritó-. Les dije que el gallo no saldría de esta casa mientras yo estuviera viva.

El coronel amarró el gallo al soporte de la hornilla. Cambió el agua al tarro, perseguido por la voz frenética de la mujer.

-Dijeron que se lo llevarían por encima de nuestros cadáveres -dijo-. Dijeron que el gallo no era nuestro, sino de todo el pueblo.

Sólo cuando terminó con el gallo el coronel se enfrentó al rostro trastornado de su mujer. Descubrió sin asombro que no le producía remordimiento ni compasión.

-Hicieron bien -dijo calmadamente. Y luego, registrándose los bolsillos, agregó, con una especie de insondable dulzura-: El gallo no se vende.

Ella lo siguío hasta el dormitorio. Lo sintió completamente humano, pero inasible, como si lo estuviera viendo en la pantalla de un cine. El coronel extrajo del ropero un rollo de billetes, lo juntó al que tenía en lo bolsillos, contó el total y lo guardó en el ropero.

-Ahí hay veintinueve pesos para devolvérselos a mi compadre Sabas -dijo-. El resto se le paga cuando venga la pensión.

-Y si no viene... -preguntó la mujer.

-Vendrá.

-Pero si no viene...

-Pues entonces no se le paga.

Encontró los zapatos nuevos debajo de la cama. Volvió al armario por la caja de cartón, limpió la suela con un trapo y metió los zapatos en la caja, como los llevó su esposa el domingo en la noche. Ella no se movió.

-Los zapatos se devuelven -dijo el coronel-. Son trece pesos más para mi compadre.

-No los reciben -dijo ella.

Tienen que recibirlos -replicó el coronel-. Sólo me los he puesto dos veces.

-Los turcos no entienden de esas cosas -dijo la mujer.

-Tienen que entender.

-Y si no entienden...

-Pues entonces que no entiendan.

Se acostaron sin comer. El coronel esperó a que su mujer terminara el rosario para apagar la lámpara. Pero no pudo dormir. Oyó las campanas de la censura cinematográfica, y casi en seguida -tres horas después- el toque de queda. La pedregosa respiración de la mujer se hizo angustiosa con el aire helado de la madrugada. El coronel tenía aún los ojos abiertos cuando ella habló con una voz reposada, conciliatoria.

-Estás despierto.

-Sí.

-Trata de entrar en razón -dijo la mujer-. Habla mañana con mi compadre Sabas.

-No viene hasta el lunes.

-Mejor -dijo la mujer-. Así tendrás tres días para recapacitar.

-No hay nada que recapacitar -dijo el coronel.

El viscoso aire de octubre había sido sustituido por una frescura apacible. El coronel volvió a reconocer a diciembre en el horario de los alcaravanes. Cuando dieron las dos, todavía no había podido dormir. Pero sabía que su mujer también estaba despierta. Trató de cambiar de posición en la hamaca.

-Estás desvelado -dijo la mujer.

-Sí.

Ella pensó un momento.

-No estamos en condiciones de hacer esto -dijo-. Ponte a pensar cuántos son cuatrocientos pesos juntos.

-Ya falta poco para que venga la pensión -dijo el coronel.

-Estás diciendo lo mismo desde hace quince años.

-Por eso -dijo el coronel-. Ya no puede demorar mucho más.

Ella hizo un silencio. Pero cuando volvió a hablar, al coronel le pareció que el tiempo no había transcurrido.

-Tengo la impresión de que esa plata no llegará nunca -dijo la mujer.

-Llegará.

-Y si no llega...

Él no encontró la voz para responder. Al primer canto del gallo tropezó con la realidad, pero volvió a hundirse en un sueño denso, seguro, sin remordimientos. Cuando despertó, ya el sol estaba alto. Su mujer dormía. El coronel repitió metódicamente, con dos horas de retraso, sus movimientos matinales, y esperó a su esposa para desayunar.

Ella se levantó impenetrable. Se dieron los buenos días y se sentaron a desayunar en silencio. El coronel sorbió una taza de café negro acompañada con un pedazo de queso y un pan de dulce. Pasó toda la mañana en la sastrería. A la una volvió a la casa y encontró a su mujer remendando entre las begonias.

-Es hora del almuerzo -dijo.

-No hay almuerzo -dijo la mujer.

Él se encogió de hombros. Trató de tapar los portillos de la cerca del patio para evitar que los niños entraran a la cocina. Cuando regresó al corredor, la mesa estaba servida.

En el curso del almuerzo el coronel comprendió que su esposa se estaba forzando para no llorar. Esa certidumbre lo alarmó. Conocía el carácter de su mujer, naturalmente duro, y endurecido todavía más por cuarenta años de amargura. La muerte de su hijo no le arrancó una lágrima.

Fijó directamente en sus ojos una mirada de reprobación. Ella se mordió los labios, se secó los párpados con la manga y siguió almorzando.

-Eres un desconsiderado -dijo.

El coronel no habló.

-Eres caprichoso, terco y desconsiderado -repitió ella. Cruzó los cubiertos sobre el plato, pero en seguida rectificó supersticiosamente la posición-. Toda una vida comiendo tierra, para que ahora resulte que merezco menos consideración que un gallo.

-Es distinto -dijo el coronel.

-Es lo mismo -replicó la mujer-. Debías darte cuenta de que me estoy muriendo, que esto que tengo no es una enfermedad, sino una agonía.

El coronel no habló hasta cuando no terminó de almorzar.

-Si el doctor me garantiza que vendiendo el gallo se te quita el asma, lo vendo en seguida -dijo-. Pero si no, no.

Esa tarde llevó el gallo a la gallera. De regreso encontró a su esposa al borde de la crisis. Se paseaba a lo largo del corredor, el cabello suelto a la espalda, los brazos abiertos, buscando el aire por encima del silbido de sus pulmones. Allí estuvo hasta la prima noche. Luego se acostó sin dirigirse a su marido.

Masticó oraciones hasta un poco después del toque de queda. Entonces el coronel se dispuso a apagar la lámpara. Pero ella se opuso.

-No quiero morirme en tinieblas -dijo.

El coronel dejó la lámpara en el suelo. Empezaba a sentirse agotado. Tenía deseos de olvidarse de todo, de dormir de un tirón cuarenta y cuatro días y despertar el veinte de enero a las tres de la tarde, en la gallera y en el momento exacto de soltar el gallo. pero se sabía amenazado por la vigilia de la mujer.

-Es la misma historia de siempre -comeñzó ella un momento después-. Nosotros ponemos el hambre para que coman los otros. Es la misma historia desde hace cuarenta años.

El coronel guardó silencio hasta cuando su esposa hizo una pausa para preguntarle si estaba despierto. Él respondió que sí. La mujer continuó en un tono liso, fluyente, implacable.

-Todo el mundo ganará con el gallo, menos nosotros. Somos los únicos que no tenemos ni un centavo para apostar.

-El dueño del gallo tiene derecho a un veinte por ciento.

-También tenías derecho a tu pensión de veterano después de exponer el pellejo en la guerra civil. Ahora todo el mundo tiene su vida asegurada, y tú estás muerto de hambre, completamente solo.

-No estoy solo -dijo el coronel.

Trató de explicar algo, pero lo venció el sueño. Ella siguió hablando sordamente hasta cuando se dio cuenta de que su esposo dormía. Entonces salió del mosquitero y se paseó por la sala en tinieblas. Allí siguió hablando. El coronel la llamó en la madrugada.

Ella apareció en la puerta, espectral, iluminada desde abajo por la lámpara casi extinguida. La apagó antes de entrar al mosquitero. Pero siguió hablando.

-Vamos a hacer una cosa -la interrumpió el coronel.

-Lo único que se puede hacer es vender el gallo -dijo la mujer.

-También se puede vender el reloj.

-No lo compran.

-Mañana trataré de que Álvaro me dé los cuarenta pesos.

-No te los da.

-Entonces se vende el cuadro.

Cuando la mujer volvió a hablar estaba otra vez fuera del mosquitero. El coronel percibió su respiración impregnada de hierbas medicinales.

-No lo compran -dijo.

-Ya veremos -dijo el coronel suavemente, sin un rastro de alteración en la voz-. Ahora duérmete. Si mañana no se puede vender nada, se pensará en otra cosa.

Trató de tener los ojos abiertos, pero lo quebrantó el sueño. Cayó hasta el fondo de una substancia sin tiempo y sin espacio, donde las palabras de su mujer tenían un significado diferente. Pero un instante después se sintió sacudido por el hombro.

-Contéstame.

El coronel no supo si había oído esa palabra antes o después del sueño. Estaba amaneciendo. La ventana se recortaba en la claridad verde del domingo. Pensó que tenía fiebre. Le ardían los ojos y tuvo que hacer un gran esfuerzo para recobrar la lucidez.

-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer.

-Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde.

-Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder.

-Es un gallo que no puede perder.

-Pero suponte que pierda.

-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel.

La mujer se desesperó.

-Y mientras tanto qué comemos -preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía-. Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

-Mierda.


Gabriel García Márquez

(Aracataca, Colombia, 1928) Novelista colombiano. Afincado desde muy joven en la capital de Colombia, Gabriel García Márquez estudió derecho y periodismo en la universidad Nacional e inició sus primeras colaboraciones periodísticas en el diario El Espectador.

A los veintisiete años publicó su primera novela, La hojarasca, en la que ya apuntaba los rasgos más característicos de su obra de ficción, llena de desbordante fantasía. A partir de esta primera obra, su narrativa entroncó con la tradición literaria hispanoamericana, al tiempo que hallaba en algunos creadores estadounidenses, sobre todo en William Faulkner, nuevas fórmulas expresivas.

Comprometido con los movimientos de izquierda, Gabriel García Márquez siguió de cerca la insurrección guerrillera cubana hasta su triunfo en 1959. Amigo de Fidel Castro, participó por entonces en la fundación de Prensa Latina, la agencia de noticias de Cuba. Tras la publicación de dos nuevos libros de ficción, en 1965 fue galardonado en su país con el Premio Nacional.

Sólo dos años después, y al cabo de no pocas vicisitudes con diversos editores, García Márquez logró que una editorial argentina le publicase la que constituye su obra maestra y una de las novelas más importantes de la literatura universal del siglo XX, Cien años de soledad.

La obra, en la que trabajó más de veinte años, recrea a través de la saga familiar de los Buendía la peripecia histórica de Macondo, pueblo imaginario que es el trasunto de su propio pueblo natal y al tiempo, de su país y su continente. De perfecta estructura circular, el relato alza un mundo propio, recreación mítica del mundo real de Latinoamérica que ha venido en llamarse «realismo mágico», por el encuentro constante de elementos realistas con apariciones y circunstancias fantasiosas. Esta fórmula narrativa entronca con la tradición literaria latinoamericana, iniciada con las crónicas de los conquistadores, plagadas también de leyendas y elementos sobrenaturales originados por el profundo choque entre el mundo conocido y la cultura de los españoles que emigraban y la exuberante y extraña presencia del continente latinoamericano.



Tras una temporada en París, en 1969 se instaló en Barcelona, donde entabló amistad con intelectuales españoles, como Carlos Barral, y sudamericanos, como Vargas Llosa. Su estancia allí fue decisiva para la concreción de lo que se conoció como boom de la literatura hispanoamericana, del que fue uno de sus mayores representantes.

En 1972 Gabriel García Márquez obtuvo el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y pocos años más tarde regresó a América Latina, para residir alternativamente en Cartagena de Indias y Ciudad de México, debido sobre todo a la inestabilidad política de su país.


lunes, 29 de octubre de 2007

El laberinto de la soledad

OCTAVIO PAZ


EL PACHUCO Y OTROS EXTREMOS

Este capitulo trata sobre como se nos revela nuestra identidad desde niños. Cuando nacemos nos podemos sentir solos; pero niños y jóvenes podemos olvidarnos de nuestra soledad a través del juego o trabajo. Es en la adolescencia cuando nos preocupamos por encontrar nuestra identidad, el adolescente se asombra por la riqueza que encuentra en su entorno, se pregunta si verdaderamente es el.

A los pueblos en crecimiento también les pasa lo mismo. Muchas veces las respuestas son cambiadas por la historia y con esta el carácter nacional. Los pueblos deben entregar su conciencia a si mismos. La mascara del viejo es la historia. Un pueblo se distingue por sus creaciones, hay quienes comparten una misma población y diferentes etapas históricas y cada día se va modelando; se puede tomar como ejemplo que todos pueden llegar a sentirse mexicanos, puede bastar con cruzar la frontera para sentirse así.

Muchas de las partes de este ensayo se escribieron durante la estancia de Octavio Paz fuera de México. Al estar en E.U.A. trataba de explicarse el porque para unos el ser mexicano es cosa de vida o muerte. Al vivir en los Ángeles se dio cuenta que estaba habitada por muchos mexicanos, pero no se pueden mezclar totalmente con los norteamericanos ya que aunque vistan iguales y sientan vergüenza de su origen, no se pueden confundir con los norteamericanos, ya que los mexicanos son masa activos, a estos hombres se les llama pachucos.

Los pachucos se distinguen por su lenguaje, su vestuario, y conducta. Son jóvenes mexicanos que no olvidan sus orígenes y que luchan por no ser iguales a los que están a su alrededor. El pachuco es uno de los extremos del mexica, hasta la palabra “Pachuco” no tiene una definición en si. No desean entrar a la esfera de la civilización como los negros, quienes son perseguidos por la ola racial. El pachuco lucha por ser distinto o talvez único; no le queda mas que su cuerpo y alma a la deriva y dice ser una sociedad abierta. El norteamericano considera al pachuco como un ser peligroso. Es como un modelo grotesco que llama la atención de la gente con su vestuario, que vive al margen, se obstina por ser distinto, se le atribuyen virtudes eróticas. El norteamericano también lo ve como algo fascinante o misterioso. El pachuco aparenta no pertenecer a una raza, pero la realidad es que se alegra de su sociedad para poder ingresar a la sociedad norteamericana de manera arriesga, se esconde de si mismo. Al estar en un país diferente al nuestro nos encerramos en nosotros mismos, no buscamos a los demás por temor a reflejarnos en ellos. Las soledad del mexicano esta llena de dioses y busca su origen; esta no ha sido levantada a comparación de los norteamericanos que se ven confusos en medio de máquinas y conciudadanos. Creen que el mundo fue hecho por y para ellos, que han nacido de la democracia, que son ricos y nosotros pobres… se encuentran solos entre sus obras y perdidos en un páramo. La diferencia entre los norteamericanos y los mexicanos es muy amplia; nos caracterizamos por nuestras costumbres y tradiciones. Ellos viven en una sociedad mas abierta que los hace ser más dinámicos, vivir la vida de manera aparente; solo ven las partes positivas de la vida.

Octavio Paz, en su viaje a España; durante la guerra, vio a un hombre distinto; con una apariencia firme y ruda, un hombre humilde que en sus ojos luce la desesperación y la esperanza. Una esperanza de volver a ser otro hombre. La guerra le ha robado parte de su ser.

MASCARAS MEXICANAS

Sin importar a que se dedique el hombre; se encierra y se aleja de todos y de si mismo. Siente que una mirada con el vecino puede desencadenar una serie de sucesos. El mexicano aplica el siguiente refrán: “al buen entendedor con pocas palabras”. El mexicano se encierra en si mismo porque es parte de su hombría, el abrirse a los demás es símbolo de traición; el no puede abrirse a los demás y expresar sus sentimientos porque los demás no lo entenderían y eso sería “rajarse”. El mexicano expresa: “Me he vendido con fulano”. Cuando ha contado sus secretos a alguien que los dirá con todos; es ahí donde radica la desconfianza del hombre.

Las normas jurídicas pocas veces satisfacen al hombre, ya que en su mayoría lo mutilan y no lo dejan expresarse libremente. Al hablar del amor a la forma, Alarcón la generaliza, pero si negociación no afirma nuestra singularidad frente a la de los españoles. La revolución abrió el camino hacia el arte moderno y la poesía que también crean mundos cerrados; porque se debe defender su intimidad y son las mujeres quienes mas deben defender su recato. Los mexicanos consideran como un instrumento, la cual no tiene ni voz ni voto, solo se le premia por ser dadora de luz o de vida. El secreto debe de acompañar a la mujer. A diferencia de otros países donde la mujer mayor libertad y se consideran presas fáciles. El español cree que la mujer es un ser lujurioso y pecador que debe regirse a palos y frenarse a través de la religión.

El mexicano no cubre con luto al amor sexual y lo asume con personalidad, no ve a la mujer como pecadora. Las norteamericanas, por el contrario, niega u oculta parte de su cuerpo, son inmorales y pierde su espontaneidad, la mexicana duerme y no tiene voluntad su cuerpo despierta si alguien lo hace. Las norteamericanas desean atraer la atención de los hombres con el movimiento de su cuerpo. La mexicana es quien da la estabilidad en una pareja, quien aportará la dulzura y el seguimiento de la raza. Es tratada con respeto por todos y también es “rajada”, expuesta a toda clase de peligros a los cuales no la puede salvar el hombre: es la mujer sufrida, sufrimiento que la vuelve invulnerable igual que el hombre y es el que esconde su ser y su vergüenza en la mujer, las culpa porque sus atributos la dejan ser abierta. Otra parte importante es que se tolera al homosexualismo pero no al heterosexualismo, nos escondemos tras mascaras que nos hacen improvisar y nos llevan de mentira en mentira, nos ninguneamos; tal cosa tiene un gran valor. Don ninguno es muy poderoso en nuestras vidas y aunque parece no ser nadie, es la mayor máscara que tenemos, disimula nuestro existir y el de los demás puede llegar a ahogarnos o desaparecernos.

TODOS SANTOS, DIA DE MUERTOS

Para el mexicano cualquier cosa es motivo de festejo, todo su calendario se encuentra lleno de estos. Sus fiestas se caracterizan por sus colores, su gente, sus dulces y su vestuario. El 15 de septiembre la gente grita por espacio de 1 hora para callar todo el año. El 12 de diciembre se entrega a quien es uno de los misterios de origen.

Al mexicano no le bastan sus festejos; son demasiadas las fiestas que se realizan en la republica, es el único lujo que tenemos, aquí es donde el mexicano tiende a abrirse y desahogarse, puede llegar a matar por liberar sus sentimientos. Otros países no tienen para realizar tan solo una fiesta, y en este sentido se trata de adquirir potencia vida y salud. Es una de las formas económicas mas antiguas y todo pasa como si no fuera cierto, como si se viviera en sueños; aquí todo esta permitido, se introduce una moral que se contradice día con día.

La fiesta no es solo un exceso y desperdicio de los bienes acumulados durante el año; también es una revuelta; la sociedad se burla de sus dioses, principios y leyes: se niega a si misma. Las fiestas son lo contrario de las vacaciones que no extrañan al mundo que los ha creado. Durante las fiestas el mexicano piensa que si no muere como vivió es porque esa vida no le pertenecía, algunos consideran a la vida, muerte y resurrección estadios de un proceso más que cósmico, donde se dan los sacrificios, los cuales tienen 2 funciones: acceder al proceso creador de un dios y alimentar a la vida cósmica y social. Así, nacer en cualquier día, nos llevaba a ocupar determinado espacio y tener un destino porque ya todo estaba trazado, mientras que nosotros los disociamos y los cruzamos como una parte mas de nuestras vidas, para ellos todo se regía a través del calendario sacerdotal. Los sacrificios no entrañaban salvación, este brindaba salud cósmica ya que el mundo vivía gracias a la sangre derramada en sacrificios. Hoy la muerte no posee algún significado trascendente.

La muerte mexicana es el espejo de la vida, en ambas situaciones el mexicano se cierra. La muerte se presenta en nuestras fiestas, juegos y otros. Es algo que nunca nos abandona. Los europeos y norteamericanos son los opuestos a esta actitud mexicana. Así es como nuestra impasibilidad cubre a la vida con la muerte, el mexicano siempre se ha cerrado a la vida y a la muerte.

LOS HIJOS DE LA MALINCHE

Nuestro hermetismo ha creado gran extrañeza ante los demás, que nos consideran insociables. Nuestro recelo provoca el ajeno y nuestra cortesía atrae; se considera imagen de vida, pero también de muerta. Un ejemplo de estos es Eva que es el misterio del corazón del mundo.

Por otra parte, el nivel de la vida y los bajos salarios; se dice que vivimos en un mundo de técnicos, el cual no difiere del mundo obrero ya que tienen muy poca conciencia de su trabajo. El gobierno de los técnicos, es un gobierno de instrumentos, y así la sociedad marcha a una eficacia sin rumbo que se trata de una transposición a la esfera social y política del capitalismo.

Cuando hablamos de misterio o enigma, nos referimos a una fuerza oculta que no nos obedece y no se sabe cuando se manifestará entre nosotros. El mexicano solo se atreve a ser solo en su soledad, por eso el carácter del mexicano es producto de sus circunstancias sociales, que lo enlazan a hechos históricos que son parte de su humanidad, el mexicano también lucha contra los fantasmas que se ha creado, que forman parte de su pasado. Algunos de estos se crearon en la época de la conquista, en la colonia o durante la independencia; que nos han dejado también palabras sin contenido y que usamos para expresar nuestras emociones o reacciones en algún momento de nuestras vidas.

No solo los mexicanos viven con estas contrariedades, también la clase alta se cierran al mundo exterior, se aíslan para demostrar que también son inferiores. Sin en cambio, el mexicano expresa que es parte de un pueblo y se siente digno de el. Un ejemplo de este es el 15 de septiembre, cuando dice que los demás son los “Hijos de la chingada”, refiriéndose así a los extranjeros y a los malos mexicanos. La chingada es una representación mexicana de la maternidad, se dice que esta palabra puede ser origen azteca, palabra que se usa en toda América y parte de España, en donde su significado varía. Esta controversia crea una dicotomía entre chingado/chingon. Muchos dicen que es una palabra hueca y que no significa nada. El mexicano trata de encontrar su origen y volver a este, reanudar si filiación y romper su soledad. Por este motivo el mexicano le rinde culto a la virgen que refleja su situación espiritual-material.

Cuando la Malinche se entrega a Cortés, se dice que la olvida cuando deja de servirle. México no perdona su traición. Los malinchistas son partidarios de que México se abra al exterior. Si el Mexicano repudia a la malinche, es señal de que rompe sus ligas con el pasado, reniega de su origen y se adentra en la vida histórica, y es así como el mexicano no quiere ser ni indio ni español, tampoco quiere descender de ellos.

CONQUISTA Y COLONIA

Aquí se comenta la latencia de antiguas creencias y costumbres que provienen de sociedades mesoamericanas y otras son tradiciones y herencias culturales que se funden. Algunas de estas herencias poseen rasgos españoles que se dieron cuando la monarquía española. A través de reyes, las imponen a sus pueblos sometidos a través de la violencia, por eso se considera a la conquista como un hecho histórico desde el punto de vista que el individuo lo quiera ver. Los españoles impusieron en nueva España un mismo idioma, una sola fé, que era la católica y un solo señor, que era el virrey. Se considera al catolicismo como el centro de la sociedad colonial porque en realidad es la fuente de vida que nutre sus actividades. A través del bautismo, el catolicismo abre las puertas al individuo hacia la sociedad y la convierte en un orden universal. Después, la iglesia se inmoviliza en Europa cuando el catolicismo llega a su decadencia en Europa, coincide con su apogeo en Hispanoamérica el cual se extiende en un nuevo territorio en el momento que deja ser creador.

Se da una sociedad rígida por el derecho divino y el absolutismo monárquico. En estos tiempos surge Sor Juana, donde las mejores personas muestran su vitalidad y despiertan su curiosidad intelectual en abierto contraste. Sor Juana, que en aquellos tiempos, era lo que una mujer deseaba ser, ya que la sociedad reprimía mas a una mujer. Ella mezclaba fe e inteligencia. Mientras esto pasaba en la nueva España, otros hombres ilustrados se daban a conocer a través de sus escritos, dándose así la revolución de las luces, que consistía en un movimiento aparentemente pasivo mediante escritos que iban desde poemas, obras pictóricas, literarias hasta recopilación de hechos históricos y conspiraciones en contra de aquellos gobiernos.

DE LA INDEPENDENCIA A LA REVOLUCION

La independencia sobreviene cuando ya nada nos unía a España, mas que inercia. Nueva España se extingue cuando deja de alimentarla una fe. Sor Juana, incapaz de resolver en una forma creadora y orgánica el conflicto entre su intelecto y principios religiosos de aquella época, renuncia y se muere poco a poco. Aquí es donde la independencia empieza a mostrar el mismo rostro que la conquista.

La lucha por la independencia tendía a liberar a los criollos de la burocracia aunque no pretendía cambiarla a la sociedad colonial. Después en la constitución de 1857 las leyes de reforma promueven la destrucción de instituciones que eran herencia de México: las asociaciones religiosas y la propiedad indígena.

Se dice que la reforma es un movimiento inspirado en una filosofía universal, al igual que el catolicismo, pero las diferencias entre estos son que el catolicismo fue impuesto por una minoría extranjera después de la conquista militar, y el liberalismo fue de formación intelectual a través de la guerra civil y también fue por una minoría. En esta etapa se descubre a Comte, Darwin, Spencer y otros. Con esto se considera al porfirismo heredero del feudalismo colonial, donde la propiedad terrestre se concentra en unos cuantos y ellos son quienes se enriquecen en medio de una ola científica de progreso y republica.

La revolución mexicana es un hecho que busca la revelación de nuestro ser. Por otra parte, la reforma es una obra que resultó de la ideología de diversas generaciones. Es una obra de la inteligencia mexicana. La revolución se presentó al principio como una exigencia de la verdad que se estableció en el plan de San Luis. La revolución se dio por la ausencia de precursores ideológicos y vínculos ideológicos, que trajeron una serie de conflictos y confusiones posteriores: Campesinos y Obreros vivían desamparados frente a los grandes poderosos, pero los campesinos tenían una gran tradición de luchas heredadas de los pueblos prehispánicos, mientras que los obreros carecían de derechos y experiencia que les ayudaran a apoyar sus demandas y justificar su lucha frente a los poderosos. Los obreros eran seres desheredados pero aún así desarrollaron huelgas y mas tarde sus líderes se alían a Carranza firmando un pacto llamado “La casa del obrero mundial y el movimiento constitucionalista”. La mayoría de este tipo de programas o pactos tienen alusión a problemas agrarios, mas que industriales. Emiliano Zapata fue uno de los personajes mas importantes para la planeación clara de la lucha agraria.

La incapacidad de la inteligencia mexicana para formular en un sistema coherente las aspiraciones populares se hizo patente apenas la revolución dejo de ser un hecho instintivo y se convierte en régimen. La adopción del sistema liberal no fue sino consecuencia de la falta de ideas de los revolucionarios.

Al igual que las fiestas, la revolución es un exceso y un gasto, es llegar a los extremos, el despertar de sus emociones: alegría y desamparo. Es una fiesta en la que el mexicano, borracho de si mismo, conoce al otro mexicano.

LA INTELIGENCIA MEXICANA

A veces la cultura se adelanta a la historia y es como si la profetizara como se ve en la dictadura de Díaz, así, como la poesía se puede escapar de la historia.

En este capitulo se trata de describir la inteligencia mexicana de nuestros antepasados, quienes nos han llenado de conocimientos, cultura y tradiciones. Uno de ellos es Vasconcelos, quien veía a la enseñanza como una participación mas en la vida de México. Se empiezan a crear centros educativos en toda la republica, la inteligencia se inclina hacia el pueblo. Una parte de esta literatura se remonta hacia la colonia, otra al indigenismo y otros viven en el presente y crean la novela de la revolución. Así, el intelectual se convirtió en el consejero de aquellos generales analfabetos, del líder campesino o sindical, del caudillo en el poder y de aquellos que eran analfabetas. Los poetas, escritores, juristas, y otros, tuvieron que estudiar derecho, economía, pedagogía, etc. Para poder sacar adelante a la nación. El resto de la inteligencia fue utilizada para fines concretos e inmediatos: proyectos de leyes, educativos de gobierno, bancos agrarios y construcción de centros educativos.

El comercio exterior abrió las puertas a una inteligencia proveniente de la clase media. En medio de esta gran ola surgieron técnicos y grandes expertos, por lo que se crearon universidades, viajes de estudio en el extranjero, y es esta situación que hace avanzar al país en la actualidad. Toda la historia de México, desde la conquista hasta la revolución, fue como una búsqueda del propio mexicano, por eso se dice que el hombre, aún el mas humilde, no esta solo pero tampoco en sociedad.

Para concluir se dice que la revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la historia, planteándonos la necesidad de inventar la que sería nuestro futuro.

NUESTROS DIAS

En este capitulo se habla sobre la búsqueda de nosotros mismos ya que la revolución reformo a México y lo convirtió en otro y como todas las revoluciones, la de México se propuso terminar con el régimen feudal, también transformar al país mediante la industria y la tecnicidad, suprimir la dependencia económica y política, y de esta forma se establecería la democracia social; así como también consumar los hechos de la reforma y la revolución haciendo de México un país moderno que pudiera sobresalir junto con los demás. En la actualidad se discute si la política social y económica ha sido acertada , esto se trata de algo que va mas allá de la tecnicidad y de los errores del pasado; lo que pasa es que la nación cuenta con muy pocos recursos para financiar su desarrollo y crear lo que los conocedores llaman infraestructura económica, que puede ser la única base de México para progresar, pero nos falta capital y ritmo de financiamiento interno los cuales son muy lentos en México, también es conveniente que halla una inversión en nuestro país por parte de los mexicanos, para así poder convencer a los extranjeros de invertir en nuestro país.

En esos tiempos la clase obrera empiezan a realizar sus alianzas populares, una de las alianzas que realizaron fue con carranza a cambio de una política social avanzada y por este motivo se aliaron con Obregón. Desde los socialistas utópicos se había asegurado que los obreros seria la clase principal de la historia mundial y su función seria la de hacer revoluciones en los países adelantados y se crearía así la liberación humana.

En aquellos tiempos se decía que los países comunistas eran una minoría que era cerrada y poderosa que tenían como bases a la administración, al ejercito y a la santa inquisición. Estos factores llevaron a crear un estado moderno en la historia donde la revolución y la propiedad privada y la economía hacen sobre salir el carácter sagrado que se tenia del estado.

Hemos olvidado que en el mundo hay muchos como nosotros, dispersos y aislados. A los mexicanos nos hace falta una nueva sensibilidad y forma de ver a la América latina y el resto del mundo, ya que las luchas de medio oriente están ligadas a las nuestras. De esta forma el mexicano se esconde bajo mascaras, que después se convierte en días de duelo o fiesta; pero ni aun así hemos encontrado aquello que nos reconcilie con el orden y nuestra libertad. Tras este derrumbe general de la razón y la fe; que es dios, no se levantan viejos y mucho menos nuevos sistemas intelectuales que sean capaces de entender nuestra gran angustia, por sentimos que no hay nada y estamos solos.

APÉNDICE: LA DIALÉCTICA DE NUESTRA SOLEDAD

En este capítulo se comenta que el hombre es el único ser que se siente solo y que anda en busca de otro. El feto es un ser que ignora de su existencia y que al nacer nos liberamos de esa vida ciega que llevábamos y se rompe el lazo entre la satisfacción y deseo. Desde ahí todos nuestros esfuerzos van dirigidos a liberarnos de esa soledad, aunque hay cosas que nos hacen recordar nuestra soledad como las penas de amor ya que el hombre se aleja de la mano de Dios, el amor es algo natural y humano, también nacer y morir son experiencias de soledad, por que nacemos solos y morimos solos.

La mujer es un objeto precioso o nocivo, pero diferente. Al transformarla en objeto el hombre la convierte en sus instrumento ya que ella nunca se siente ni se concibe mas que como un objeto, ya que nunca es dueña de si misma, por eso el amor es una experiencia inaccesible para nosotros ya que hay muchas cosas que se oponen a el, tales como la moral, la religión y las leyes, entre otras; por esto la mujer ha sido para el hombre lo contrario del hombre y su complemento. La mujer vive presa que la sociedad masculina le impone y solo puede elegir rompiendo consigo misma. La sociedad concibe al amor contra la naturaleza, que esta destinada a la procreación y que se identifica con el matrimonio; la estabilidad de la familia reposa en esta ultima, su protección implica la perseverancia del amor y tolerancia a las infidelidades.

La prostitución s un ser sagrado para determinados pueblos, para el mexicano es una ser despreciable pero a la ves deseable, es una victima del amor y del poder que humilla al mundo. Junto a ella se encuentran quienes seducen; aquel hombre que no puede salir de su por que la mujer es instrumento de su vanidad. En algunas sociedades se da la promiscuidad; ese ir de cama en cama que ya no es considerado ni libertinaje para ellos, hay quienes violan para así satisfacerse y que nada les llena; que ultrajan por ansiedad. El erotismo ya es distinto a un sade, que era un temperamento trágico poseído de lo absoluto, una revelación explosiva de la revelación humana, hoy el erotismo es una retórica y un ejercito literario, se ha convertido en un documento mas que estimula el crimen y condena el amor.

La sociedad se concibe como una unidad invisible en la que la madurez no es una etapa de soledad, el hombre en lucha con otros hombres se olvida de si en el trabajo, en la construcción, en sus ideas y otros. Hemos sido desterrados del centro del mundo. El hombre moderno ha racionalizado sus mitos pero no ha podido destruirlos, tiene la característica de pensar despierto, pero aun así lo llevan por un camino equivocado.