viernes, 7 de septiembre de 2007

NO SE CREA


No se crea

Cynthia Esther ALARCÓN MÚGICA


Me nombro Jacinta, así me puso mi apá, decía que le gustaba harto ese nombre. Yo vivo aquí, sí aquí. Me gusta mucho y aunque no lo crea lo que come horita usté es cosecha de mi huertita. ¿Está bueno verdá? Pos si viera que no sé ni por dónde empezar. Hay mucho que contarle, qué bueno que está usté aquí.
Tuve cinco hijos, ya todos son mayorcitos, menos ése que ve ahí jugando con la tierra. ¿Que dónde están? Pos mire, los tres primeros son varoncitos y se fueron pa’l otro lado. La cuarta es mija la que vive en Orizaba. Tiene una niña de tres años y está esperando otro retoñito. Sí los extraño no se crea, pero pos ellos están mejor que una, eso es lo que me consuela. Trabajaron mucho pa’ juntar pa’ irse y pos les está yendo más o menos, aunque eso sí, mejorcito que a mí y a los que vivimos aquí. ¿Por qué más o menos? Pos por… es que a veces se aprovechan de uno. Ya sabe, pos ellos están trabajando tierras allá, y veces les va bien y veces les va mal, según las cosechas y las temporadas de la verdura. Cuando hablo con ellos yo los animo y pos me aguanto las ganas de llorar, una como madre… pos le duelen a una los hijos. Yo ya les dije que por mí no se apuren, yo como sea salgo con mis cosechitas y pos nunca falta qué comer, aunque sean frijolitos ¿verdá? Pos nomás somos mi Raulito y yo, sí ya le dije que soy viuda ¿verdá? ¿Ah no?
Sí, mi señor se murió de un canijo dolor del pecho. Bueno, es que también tomaba mucho dizque pa’ olvidarse de los problemas. Siempre que terminaba de trabajar en el campo se iba a tomar con sus amigos, bueno, los que andaban siempre con él. Y pos luego en la noche enfría bastante y él siempre andaba destapado. Yo le decía jala con el zarape Apolonio, pero no me hacía caso. Y ya ve, luego ya ni podía respirar y se desesperaba porque pasaba todo el día en el catre. Decía que quién iba a ganarse los frijoles pa’ nosotros. No, cuando él se murió todavía estaban aquí mis hijos, pos por eso se fueron porque vieron que aquí nada se podía hacer. Los dizque amigos de Apolonio se quedaron con nuestra parcelita y pos nunca encontramos ningún papel pa’ que se viera que era de nosotros. Como mis hijos eran unos chiquillos nadie les hizo caso y pos trabajaron otras tierras y juntaron dinero pa’ irse juntos los tres al otro lado. Y bueno, pos allá se quedaron. El día veinte de este mes hace… nueve años que se fueron. Sí porque mi Raulito tenía un año. Pos él no se acuerda de ellos. De su hermana sí se acuerda, ya estaba grandecito cuando ella se fue con Mario.
Mario es un muchacho que vino a trabajar un tiempo aquí con su tío, pero él no es de aquí, es de otro pueblo. Yo le dije a mija que vivieran aquí en la casa pero no quiso. Se fueron pa’ Orizaba y les ha ido bien. No se crea la otra vez me fui a pasar unos días allá con mija. Sí, sí es bonito pero si viera que no me hallé. Pos desde que me subí al camión agarré mareos y estando allá igual. Sabrá Dios qué habrá sido, pero también mi Raulito se me mareó refeo. Pos ni pa’ decir que fue por eso que dicen de la altura porque aquí estamos en cerros y está muy alto. El caso es que nos agarró harto dolor de cabeza y mejor que nos regresamos. Mija me dijo que así le había sucedido a ella, que me esperara y que luego me iba a acostumbrar. Pero ya no quise. Imagínese que me hallara y que cuando volviera acá me empezara a sentir así. No, dije, mejor ya nos vamos mija. Ella se nombra Adela.
¡Ay perdón! que ya no le ofrecí más frijolitos. ¿No quiere? ¿Un cafecito? Órele, horita se lo doy. Sí pos le digo. Estoy contenta pos mis hijos me salieron sanitos y gracias a Dios ninguno como su papá de borracho. Digo sanitos porque aquí a cada ratito hay enfermos y muertitos. Que si no es de dolor de panza es de tos, que si no del pecho de los reumas. Los reumas sobre todo a nosotras porque como cocinamos con el fogón y luego lavamos veces los trastes, veces la ropa de los hijos. Como una se calienta y luego agarra agua pos nos enfermamos. No, dotor no hay. Luego que mandan medicinas pa’l pueblo. Pero pos como casi nadie sabe leer de nada sirve. Sólo algunos chiquillos que van a la escuela de un pueblo que está aquí cerca, como a tres horas. Pero pos imagínese, hay como dos casas por cerrito y luego pa’ llevar al enfermo a donde están las medicinas, no, pos ¿cómo?, sólo en camilla, y hasta eso, luego se les ha muerto el enfermo en el camino. Mejor una trata que con remedios caseros o así.
Por eso muchos se van de aquí, pa’ no sufrir de hambre ni de enfermedad, pa’ tener una mejor vida. Yo, no se crea, aunque quisiera irme, no podría, pos ya me hallé aquí. Me gusta mi pueblito, mi casa, mi huertita. Luego siento harta tristeza al ver cómo todos se van de aquí, dejando, como quien dice, sus raíces. En este pueblo ya sólo quedan gente mayor y niños. Yo sé que cuando mi Raulito crezca a lo mejor quiera irse, y pos yo me quedaré sola. Pero horita no pienso en eso… es retravieso el chiquillo, salió a su padre de inquieto. ¿Ya se va usté? No, espérese otro ratito. ¿Mañana viene? Ah bueno. De veras que ya no le pregunté cómo se nombra. Ah, no, no se crea no se me va a olvidar. Aquí la estaré esperando ¿eh? Ya sabe que ésta es su casa pobre pero honrada, y que cuando quiera venir siempre habrá frijolitos y tortillitas bien calientitas pa’ usté. Vaya con Dios doña Humanidad.

Cynthia Esther Alarcón Múgica
Veracruz, México